La estructura de la magia fue el primer libro escrito por Richard Bandler junto a John Grinder. Su intención fue darle una estructura a la magia que realizaban otros e incluso él mismo, para que todos nosotros fuésemos capaces de generar esa magia.
El título ya dice el método
Hay dos palabras en ese título y la interesante es la primera. Magia es lo que se veía: terapeutas que lograban en una sesión lo que a otros les llevaba meses. Estructura es la apuesta: que eso que parecía don personal era en realidad una secuencia, y que una secuencia se puede describir, enseñar y repetir.
Toda la PNL sale de ahí. No de una teoría sobre cómo funciona la mente, sino de una pregunta mucho más modesta: ¿qué hace exactamente esta persona que obtiene estos resultados?
Modelar no es explicar
La diferencia es fina y es la clave de todo. Explicar es decir por qué algo funciona. Modelar es describir qué se hace, con tanto detalle que otro pueda hacerlo.
Bandler y Grinder observaron a Virginia Satir y a Fritz Perls sin preguntarles por su teoría. Miraron qué preguntaban, en qué orden, qué hacían cuando la persona se trababa. Después se lo probaron a sí mismos. Y después escribieron lo que quedaba en pie.
Por eso el libro no tiene una psicología detrás. Tiene un procedimiento.
El metamodelo: la magia, escrita
Lo que quedó de esa observación fue el metamodelo del lenguaje: un conjunto de preguntas que devuelven a la experiencia concreta lo que el lenguaje dejó afuera. Las tres cosas que el lenguaje siempre hace:
- Omisión — “Estoy preocupado.” ¿Por qué, específicamente?
- Generalización — “Nadie me entiende.” ¿Nadie? ¿Ninguna vez?
- Distorsión — “Me hace sentir mal.” ¿Cómo, exactamente, lo que hace produce que te sientas así?
Parece poco. Es poco. Y sin embargo es exactamente lo que hacían esos terapeutas, una y otra vez, debajo de todo lo demás.
Entonces, ¿dónde está la magia?
La pregunta del título tiene trampa, porque la respuesta decepciona a quien busca magia y entusiasma a quien busca método: la magia está en la estructura. No se evapora al describirla. Lo que se evapora es la idea de que hacía falta ser alguien especial para producirla.
Y ahí está el aporte real del libro. No descubrió nada que no estuviera pasando ya en el consultorio de Satir. Lo escribió de manera que pudiera aprenderse.
Lo que el libro no resuelve
Conviene decirlo: tener el metamodelo no te vuelve Virginia Satir. Las preguntas sin rapport suenan a interrogatorio, y la precisión sin criterio para elegir el momento es simplemente incomodidad. El libro te da la estructura; el resto es práctica, y la práctica es la parte que nadie puede hacer por vos.